12/19/2013 - 06:49

El dinero y la política son el problema

En la Primera Ronda, Adnan A. Hezri propuso que las naciones abordaran los temas de cambio climático e inequidad económica principalmente mediante el establecimiento de sistemas de energía sostenibles. Ese sería un paso en la dirección correcta. Sin embargo, dada la omnipresencia de combustibles fósiles en la economía mundial, la energía renovable no puede reducir las emisiones de dióxido de carbono tantocomo la amenaza del cambio climático lo necesita – ni siquiera está cerca. Si la energía renovable (con la ayuda de medidas de eficiencia) eliminara todas las emisiones producidas por la generación de electricidad basada en combustibles fósiles, las emisiones de gases de efecto invernadero solo disminuirían en un 17 por ciento. Las emisiones provenientes de otras fuentes, desde los viajes aéreos, a los plásticos, a la deforestación y hasta la ganadería, permanecerían sin cambio alguno, o más bien, debido a las emisiones asociadas con la producción y distribución de celdas solares, turbinas eólicas, aparatos eficientes en energía, y demás, podrían incluso incrementar.

Si las naciones llegan a alcanzar la reducción de emisiones que los científicos climatológicos recomiendan, el consumo deberá reducirse. Es el consumo excesivo lo que explica la brecha enorme entre las reducciones de emisiones recomendadas por los científicos y  las verdaderas reducciones de emisiones. Para evitar una catástrofe climatológica y dejar recursos adecuados para los pobres, los ricos en el mundo desarrollado y en vías de desarrollo tendrán que reducir su consumo.

Por otra parte, centrarse excesivamente en el consumo puede culpar en gran medida a los consumidores mientras se ignoran las fuerzas mayores que fomentan un mayor consumo. El capitalismo desenfrenado, junto con un poder político inexplicable, es el verdadero culpable del cambio climático. El matrimonio del dinero con la política provoca inversiones energéticas que benefician solamente a unos pocos, saquean los recursos naturales y empobrecen a las personas que dependen de los recursos naturales para su sustento. Los consumidores pagan la cuenta para estos proyectos. 

Cualquier solución realística al cambio climático deberá interrumpir la cómoda relación que el capitalismo desenfrenado disfruta con la política. Perturbar esta relación no será fácil: no existe un método claro y conciso para lograrlo. Sin embargo, una serie de acciones puede que logren el cometido. Se deberán reformar los sistemas políticos a través de medidas que realcen la democracia e incrementen la transparencia y responsabilidad. Se deberá reorientar las economías hacia la descentralización, localización, sustentabilidad y la distribución de riqueza equitativa.

Nuevas actitudes. Mientras tanto, se necesita redefinir el concepto de desarrollo económico (y quizá hasta cambiarlo de nombre). El desarrollo verdadero no proviene de un consumo incrementado y la acumulación de riqueza no es siquiera un objetivo deseado. La globalización, que produce una inequidad insoportable e inspira la obtención de recursos que empobrecen a los pobres, representa una forma de colonialismo en vez de un medio para el desarrollo. En cualquier caso, se debería admirar a las comunidades sanas que viven por sus propios medios y en armonía con el medioambiente, en vez de etiquetarlas como en necesidad de desarrollo. Si los ricos aprendieran de estas comunidades "pobres", todos se beneficiarían.

Se necesita también un cambio en la actitud hacia el ambientalismo . En la Primera Ronda, Hezri describió la conciencia ambiental en los países prósperos como algo "que se debe haberse considerado un lujo" en tiempos menos prósperos". Él reconoció que el activismo medioambiental en los países menos prósperos a menudo surge de la pobreza en lugar de la opulencia; no obstante, cualquier noción de que el ambientalismo pueda ser un lujo, minimiza y hace vulnerable a los pobres. Tal actitud hacia el ambiente es parte de lo que coerce a la gente pobre a aceptar los impactos negativos ambientales que acompañan al "desarrollo". Aire limpio, agua limpia y demás son la base fundamental para el bienestar humano. No son un lujo que solo los ricos pueden afrontar.

Un verdadero lujo inasequible son los subsidios a los combustibles fósiles. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, los subsidios a la energía mundial equivalen al 8 por ciento de los ingresos de los gobiernos del mundo (una vez que las externalidades del uso de la energía se tienen en cuenta), y la mayoría de los subsidios energéticos apoyan los combustibles fósiles. A las naciones les iría mucho mejor si redirigieran sus recursos monetarios hacia la educación, la salud pública, la protección ambiental y los programas de redes de seguridad.