03/21/2014 - 11:06

Buenas razones para preocuparse

Después del accidente ocurrido en la central nuclear de Fukushima Daiichi, muchos observadores esperaban que los países que buscaban establecer sectores de energía nuclear, o ampliar los existentes, se preguntaran principalmente sobre este tema: ¿Qué tan segura es la energía nuclear? Por el contrario, muchos países en vías de desarrollo siguen afirmando que  la energía nuclear es una solución a los problemas energéticos y han desestimado Fukushima como un desastre propiciado por un tsunami monstruoso. Varias naciones en vías de desarrollo como Pakistán, India, Bangladesh e Irán están avanzando hacia la instalación de nuevos reactores.

Pakistán, mi propio país, sufre de tensiones energéticas graves. Los apagones se producen a diario. Disturbios por falta de electricidad han sorprendido al gobierno. Islamabad, mantenido a flote por el préstamo blando de China de $6,500 millones, acaba de firmar un contrato de compra de dos reactores de 1.100 megavatios de la Corporación Nacional Nuclear de China por $4,800 millones cada uno. Los dos reactores están programados para operar en las proximidades de Karachi, una ciudad cuya población estimada es de 23,5 millones.

El tipo de reactor que Pakistán va a comprar, el ACP-1000, es un nuevo diseño que nunca ha sido instalado antes y ni siquiera ha sido probado,  pero la Comisión de Energía Atómica de Pakistán no tiene ninguna duda de que Karachi no enfrenta ningún peligro.Aunque el gobierno paquistaní tiene una profunda fe en la tecnología nuclear china, algunos chinos no son tan optimistas. Un ex vicepresidente de la Corporación Nacional Nuclear de China recientemente declaró que: "Nuestros líderes han puesto una alta prioridad en [la seguridad nuclear] pero las entidades que ejecutan los proyectos no parecen tener el mismo nivel de compromiso".

Los diseños de reactores sin ensayar de ninguna manera es la única razón para preocuparse por la seguridad de los reactores en Pakistán. Otra preocupación es un ataque terrorista contra un reactor; que aunque los funcionarios la descartan, es una preocupación seria. Los terroristas religiosos han llevado a cabo con éxito ataques en muchas instituciones militares altamente custodiadas, incluyendo el cuartel general del ejército, la base naval de Mehran y la base de las fuerzas aéreas de Kamra. No hay ninguna razón para creer que los reactores nucleares serían invulnerables a un ataque.

Otra posibilidad preocupante, aunque desestimada por funcionarios, es un error causado por el operador. En una planta de energía nuclear, simplemente no hay manera para que la gente externa a la planta sepa sobre las malas prácticas dentro de ella. Efectivamente, el desastre de Chernobyl fue el resultado de acciones imprudentes por parte de los operadores del reactor y subrayó la vulnerabilidad de las centrales nucleares a la falta de juicio. Estos problemas se exacerbarían en un reactor diseñado por chinos y operado por paquistaníes debido a la falta de  conocimiento profundo del diseño y de aspectos computacionales que tendrían en el caso de un reactor autóctono.

Otro tema de preocupación es la frecuencia de los accidentes industriales en Pakistán. Aunque el país no ha sufrido ni un solo incidente con la magnitud de la fuga de gas de 1984 en las instalaciones de Union Carbide en Bhopal, India, los accidentes industriales se producen frecuentemente, en parte porque las personas que ignoran los estándares de normas de seguridad rara vez son castigados. La capacidad de respuesta a los desastres, tales como la extinción de incendios es muy limitada y la movilidad se ve dificultada por la frecuente obstrucción de carreteras.

Aún teniendo todo esto en cuenta, la probabilidad de un accidente serio es muy baja. Pero ¿qué pasaría si ocurre un accidente?  ¿Qué tan bien podría responder la maquinaria estatal?  Por estas razones, hay muchas razones para preocuparse.

A menudo, la respuesta del gobierno a los desastres en el pasado ha sido débil. Durante las inundaciones en el país del 2010, las que dejaron una quinta parte de Pakistán inundado, el presidente y el primer ministro actuaron sin urgencia. La actuación de la Autoridad de Gestión de Desastres Nacionales fue muy lenta. A las poblaciones aguas abajo de las inundaciones no les dieron las advertencias que necesitaban. Los grupos jihadistas armados y omnipresentes en Pakistán sustituyeron al estado en muchos lugares, tal como lo habían hecho tras el terremoto de 2005 en el país.

Todo esto es un mal presagio para Pakistán si un grave accidente en un reactor nuclear cerca de Karachi forzara una evacuación, lo cual sería extremadamente caótico y muy diferente de la evacuación disciplinada de la zona de Fukushima en Japón. Pakistán sufre de profundas divisiones entre los que tienen y los que no, por lo que el saqueo generalizado sería probable. Por ello muchas personas se negarían a ser evacuados, esperando que al final estuvieran fuera de peligro. El personal de emergencia y de aplicación de la ley, que a menudo están mal entrenados y demuestran baja motivación, podrían simplemente desaparecer de la escena. Pakistán también sufre de profundas tensiones étnicas y religiosas y es probable que los miembros de grupos minoritarios podrían recibir menos ayuda que otros durante una evacuación (tal como sucedió durante las inundaciones), si es que de hecho recibieron alguna ayuda.

La concienciación del público paquistaní sobre los peligros de la radiación es casi inexistente. Las estaciones de televisión propagan libremente rumores sin fundamento cuando informan sobre cuestiones políticas y técnicas, así que las noticias mal informadas podrían generalizarse durante un desastre nuclear, lo que resultaría en complacencia o pánico. Además, la poca conciencia sobre cuestiones de seguridad no es más que un elemento de la cultura paquistaní. A menudo, los paquistaníes aceptan altos niveles de riesgo y están satisfechos con su fé en Dios como su protector. La evacuación de Karachi durante una catástrofe nuclear es una perspectiva terrible de imaginar.

Sin transparencia y clandestinamente. El argumento en contra de la energía nuclear en Pakistán no niega la gravedad de los problemas de electricidad del país, los cuales son arraigados y multifacéticos. Para empezar, a pesar de que, en principio, la capacidad eléctrica instalada de Pakistán de 20 gigavatios es suficiente para satisfacer la demanda promedio de energía diaria de alrededor de 17 gigavatios, en realidad sólo se generan 14,3 gigavatios en promedio. Debido a un problema de gestión financiera conocida como una deuda circular cerca de un 30 por ciento de la capacidad existente no es utilizada. Peor aún, el sistema de distribución de Pakistán tiene tanto fugas como robo generalizado y estos problemas se llevan la asombrosa cifra de un 25 a 30 por ciento de la producción total.

Incluso si se puede hacer frente a estos problemas, Pakistán necesitará utilizar una amplia gama de fuentes de energía para satisfacer las necesidades futuras, que van desde los combustibles fósiles a las fuentes renovables: como la energía hidráulica, solar y eólica. Sin embargo, en la actualidad, las cantidades de energía eólica instaladas sólo equivale 50 megavatios, menos de una milésima del potencial estimado de los "corredores de viento" del país. La energía nuclear no es una solución rápida para estos desafíos, pero el gobierno se comporta como si lo fuera.

Los ciudadanos paquistaníes han tenido poca o ninguna participación sobre cuestiones nucleares, tales como la ubicación y la seguridad de las plantas y la eliminación de los residuos nucleares. Esto es en parte porque, en un país en el que los titulares de cada día tratan temas de terrorismo y otras crisis, los ciudadanos tienen poco tiempo para formular y articular posiciones sobre cuestiones nucleares, ya que todos los proyectos nucleares de Pakistán, ya sean civiles o militares, son muy opacos. Las autoridades que argumentan la seguridad nacional, ejercen un control estricto de todos los mecanismos nucleares reglametarios y dejan poco margen para la participación ciudadana. Las personas que no están afiliadas con la Comisión de Energía Atómica de Pakistán o la Autoridad Reguladora Nuclear de Pakistán tienen prohibido monitorear los niveles de radiación cerca de cualquier  instalación nuclear. Las personas que se atreven a plantear cuestiones acerca de la seguridad de las centrales nucleares son etiquetadas de agentes de potencias extranjeras. Y cuando el año pasado, los funcionarios solicitaron la aprobación un informe de evaluación de impacto ambiental, requerido por las plantas de energía nuclear previstas en Karachi, lo hicieron clandestinamente, sin audiencia pública.

No existe ningún estudio disponible del gobierno que demuestre que los reactores nucleares son lo mejor o la opción más económica para resolver los problemas de energía de Pakistán y el caso de la energía nuclear está lejos de ser convincente. Pero con miles de millones de dólares en juego, los intereses comerciales están trabajando activamente para promover las ventas de estos reactores. Las preocupaciones sobre la seguridad de Karachi están siendo puestas en segundo plano. Se temen las consecuencias.